Moverse bien para poder elegir, adaptarse y mantener el control
Cuando observamos una clase de Aikido, es fácil que nuestra atención vaya directamente hacia el final de la técnica: una proyección, un control, un kotegaeshi, un iriminage o un kokyunage. Son los movimientos más visibles y, muchas veces, también los más atractivos para quien comienza a practicar.
Pero antes de que cualquiera de esas técnicas pueda suceder, hay algo mucho más básico —y quizás más importante— que debe ocurrir:
Tenemos que llegar al lugar correcto.
Ahí entra el Tai Sabaki.
En nuestra pasada práctica mensual dedicamos parte del entrenamiento precisamente a este concepto. Más que memorizar una nueva técnica, la intención fue comprender por qué el movimiento inicial del cuerpo puede determinar todo lo que ocurre después.
Antes de pensar en la técnica, hay que entrar
Un ataque crea una situación: una dirección, una distancia, una velocidad y una relación entre uke y nage.
La primera responsabilidad de nage no debería ser pensar inmediatamente: “voy a hacer ikkyo” o “ahora hago kotegaeshi”. Primero necesita responder al ataque con su cuerpo.
Entrar. Salir de la línea. Girar. Mantener distancia. Acercarse.
En otras palabras: Tai Sabaki.
Después de ese movimiento inicial, las posibilidades comienzan a aparecer.
Dependiendo de dónde terminemos respecto a uke, quizás tengamos acceso al brazo, al codo, al cuello, a la cabeza o a la cadera. Algunas técnicas funcionarán mejor desde el interior; otras desde el exterior. En algunas posiciones tendremos una línea clara para proyectar y en otras será más natural controlar.
La técnica, entonces, no comienza con las manos.
Comienza con la posición del cuerpo.
Una entrada puede abrir muchas puertas
Uno de los aspectos más interesantes del Tai Sabaki es que no necesitamos aprender un movimiento completamente diferente para cada técnica.
Un mismo desplazamiento puede utilizarse frente a diferentes ataques y llevarnos a distintas respuestas.
Podemos imaginarlo como entrar a una intersección. El Tai Sabaki nos lleva hasta allí; una vez llegamos, tenemos varias direcciones disponibles.
La decisión de continuar hacia ikkyo, kokyunage, iriminage, kotegaeshi u otra técnica dependerá de la relación que se haya creado entre uke y nage.
Por eso los fundamentos tienen tanta importancia en nuestra formación. De hecho, el Tai Sabaki aparece como una destreza fundamental desde los niveles iniciales dentro del currículo de Caguas Aikido, junto con el trabajo de pies y otros fundamentos sobre los que posteriormente se construyen las técnicas. Aiki-Kids – Evaluaciones.pdfPDF
No estamos aprendiendo simplemente una colección de técnicas.
Estamos aprendiendo cómo llegar al lugar desde donde esas técnicas pueden ocurrir.
El movimiento de uke también importa
Aquí aparece otra realidad importante: uke no es una figura inmóvil.
Uke se mueve.
Puede cambiar ligeramente la dirección, mantener el agarre de una manera diferente, recuperar el equilibrio o reaccionar al movimiento de nage. Incluso cuando ambos conocen exactamente la técnica que están practicando, dos repeticiones nunca son completamente idénticas.
Por eso una técnica no debería convertirse en una secuencia rígida que solo funciona cuando todo sucede exactamente como esperamos.
La práctica individual de cada técnica nos ayuda a desarrollar referencias. Aprendemos qué se siente cuando nuestra posición funciona, cuándo estamos demasiado lejos, cuándo perdimos nuestro centro o cuándo otra opción sería más natural.
Poco a poco comenzamos a sentir:
Desde aquí puedo continuar.
Desde aquí necesito ajustar.
Desde aquí esta técnica ya no es la mejor alternativa.
Ese reconocimiento es parte del aprendizaje.
Adaptarse sin perder el centro
Tal vez aquí se encuentra uno de los objetivos más interesantes del Aikido.
No se trata simplemente de completar una técnica que teníamos planeada.
Se trata de poder adaptarnos a lo que está sucediendo sin perder el control de nuestro propio cuerpo.
Si uke cambia, nosotros ajustamos.
Si la distancia cambia, ajustamos.
Si una línea desaparece, buscamos otra.
Pero hacerlo no significa comenzar a empujar, halar desesperadamente o tratar de imponer una técnica que ya dejó de tener sentido.
Es parecido a un tenkan: no intentamos detener toda la energía que viene hacia nosotros para obligarla a seguir nuestro plan. Giramos, reorganizamos nuestra posición y descubrimos qué posibilidad aparece ahora.
Un buen Aikido empieza a surgir cuando podemos realizar ese ajuste con calma.
Practicamos formas para algún día poder salir de ellas
Esto puede parecer una contradicción.
Durante años practicamos técnicas específicas: ataques determinados, entradas determinadas y respuestas determinadas.
¿Por qué hacerlo así si eventualmente queremos adaptarnos libremente?
Porque necesitamos referencias.
Antes de improvisar una conversación, necesitamos aprender palabras. Antes de cambiar una técnica, necesitamos comprender cómo debería sentirse cuando funciona.
La práctica estructurada nos permite estudiar una situación una y otra vez hasta reconocer sus elementos: distancia, postura, desbalance, dirección y conexión.
Con suficiente repetición, dejamos de depender exclusivamente de la memoria.
El cuerpo comienza a reconocer.
Y entonces aparece algo diferente: la capacidad de elegir.
Lo espectacular viene después
Es comprensible que un principiante quiera aprender rápidamente las proyecciones y controles que distinguen visualmente al Aikido.
Pero muchas veces el verdadero progreso ocurre en movimientos mucho menos llamativos.
Un pie que terminó unos centímetros mejor colocado.
Una cadera que giró en el momento correcto.
Una entrada que salió completamente de la línea del ataque.
Una postura que permitió mantener el centro mientras uke perdía el suyo.
Quizás nadie mirando desde afuera lo note.
Pero esos pequeños ajustes son los que eventualmente hacen posible la técnica que todos sí pueden ver.
Por eso, antes de preocuparnos demasiado por el lanzamiento, vale la pena preguntarnos:
¿Cómo llegué hasta allí?
Tai Sabaki como puerta al Aikido
El Tai Sabaki no es simplemente un ejercicio que realizamos antes de comenzar las “técnicas de verdad”.
Es precisamente lo que permite que esas técnicas existan.
Nos enseña a entrar, salir, girar, reposicionarnos y mantener el control mientras la situación cambia. Nos da opciones en lugar de obligarnos a depender de una única respuesta.
Y quizás allí podamos encontrar una definición sencilla de hacia dónde queremos llevar nuestra práctica:
Moverse de manera que, independientemente de cómo cambie la situación, todavía podamos encontrar una respuesta sin perder nuestro centro.
Las técnicas vendrán después.
Primero, hay que aprender a llegar.
—
Aiki Bori — la voz del tatami en Caguas Aikido


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